El Prado es el museo favorito de Ximena Maier. Lo conoce muy bien, pues lleva más de veinte años paseándose por sus salas. Sus visitas suelen ser cortas. Algunas veces lo cruza de lado a lado, y otras acude en busca de un motivo en particular sombreros, perros, manos, zapatos o los personajes a los que considera más atractivos, para reunirse con su pintor favorito o para detenerse a contemplar una obra en concreto.
En ocasiones se trata una simple excusa para huir del calor o de la lluvia, o para dejar que pase el tiempo.





